De visita | Escuelas

¿Qué se aprende en las escuelas de joyería contemporánea?

Salimos de visita para conocer el taller de Patricia Gallucci,  recientemente relanzado en Saavedra. 

Cuál es y dónde queda. Siente que su taller, que lleva su nombre, es su lugar en el mundo. Es  donde hace sus piezas de joyería y donde también enseña, y comparte con alumnos y colegas procesos de creación diversos. Reconoce que siempre se sintió cómoda en los talleres de arte e  industriales. “Donde sea que hayan herramientas y un pequeño espacio para crear me siento como en casa. Por suerte me casé con un ex luthier, quien comparte mi pasión por las herramientas; nuestra casa está siempre llena de herramientas, piezas de joyería y arte”. Está en un PH ubicado en el barrio de Saavedra, en el límite entre Núñez y Vicente López. La cuarentena la agarró en plena reforma, así que mudó provisoriamente su taller a Caseros donde comenzó la etapa de las clases online. Pero ahora ya está de vuelta, con el espacio acondicionado para las clases presenciales cuidadas para un grupo reducido.

Cómo es. El taller tiene dos espacios: el principal, de joyería, y un anexo. El de joyería cuenta con 6 bancos de trabajo y una mesa de soldado con una gran campana, para poder hacer todo tipo de fundiciones, trabajar con ceras y experimentar con materiales de manera más segura. Cuenta con herramientas para que los alumnos puedan crear sin necesidad de trasladarse con las suyas, muchas cajas llenas de materiales y una buena cantidad de libros y catálogos. Se suma un taller anexo al que llama “el taller sucio, no porque sea una mugre, sino porque es donde están la pulidora, la lijadora, el taladro, la caladora de banco y otras herramientas grandes”.  Allí trabaja con cerámica, porcelana, resinas, maderas y cualquier material que se le cruce en el camino. “Incentivo a mis alumnos para que sean curiosos, investiguen, experimenten con todo tipo de materiales. Muchas veces trabajan con químicos  o se necesita un espacio donde poder hacer más polvo de lo normal, por eso el apodo de sucio”. Agrega que, además, a veces en verano, salen a hacer ejercicios creativos en la terraza, llena de cactus y plantas.

Qué se enseña. Las clases regulares son muy abiertas, “es un toma y daca entre alumno y profesor”. Las intensivas tratan sobre técnicas específicas, bien pautadas, en su mayoría dictadas por Patricia, quien además de estudiar joyería es diseñadora industrial y desde chica que hizo cursos de perfeccionamiento de todo tipo. Cada tanto suma con clases magistrales de colegas que se especializan en otras técnicas, “es algo que todos disfrutamos mucho y que definitivamente suma”. Desde hace un par de años tiene algunos alumnos a distancia, que toman clases para despejar dudas o para asesorarse. Por la pandemia empezó a dar clases de seguimiento y talleres intensivos online, como Modelado de ceras por goteo, Modelado de ceras semiblandas, Tallado de ceras duras, Fundición de orgánicos, Fundición en tierras delft, Ganchos, Remaches, Moldes de caucho y silicona, Reconstituido y Básicos de metales, entre otros intensivos. Está terminando de dar el segundo nivel de Cierres. Y para abril-mayo prevé repetir Resina expoxi por colada. Para mayo y junio anuncia el Taller de Exploración con Textil, Telar Circular y Upcycling a cargo de Sabina Tiemroth.

“Las clases regulares son muy abiertas, es un toma y daca entre alumno y profesor… Los incentivo para que sean curiosos, investiguen, experimenten con todo tipo de materiales”, dice la diseñadora y joyera Patricia Gallucci.

Modalidad de trabajo. El curso anual es libre, cada alumno aprende a su ritmo y con los conocimientos e inquietudes propias, de acuerdo con sus motivaciones y necesidades. “Los guío y empujo a romper sus propios moldes, a que se atrevan a equivocarse, a jugar y a disfrutar del proceso, más allá del resultado… así es como realmente se aprende. Las técnicas siempre son un medio que nos permite hacer y expresarnos, no se aprenden sino que se adquieren con mucha práctica y paciencia, por eso es fundamental que en ese camino haya disfrute y una elección propia de los materiales o procesos con los que cada uno decide trabajar. También hay quienes vienen a aprender un oficio, como salida laboral o para generar un emprendimiento propio: a ellos intento transmitirles mi propia experiencia como diseñadora, los enfoco dentro del desarrollo de colecciones y los oriento en costos (una gran enseñanza que me dejo el secundario orientado en administración), sin dejar de lado la experimentación y el disfrute.

Otros vienen a explorar su veta más artística, entonces los procesos son tan diversos como las personas: con ellos conversamos mucho, indagamos en qué hacer y por qué, en quiénes son y cómo las piezas son un reflejo de ellos mismos, de sus intereses y hasta sus lugares más oscuros”. Para todos, abundan los ejercicios creativos, las maquetas y materiales “raros”. Y cada uno encuentra su propia manera de hacer. Nos sorprendemos siempre de los resultados. “Las clases de seguimiento virtuales dieron lugar a esta manera de abordar la joyería, más desde el pensamiento y el corazón”.

Habilidades que se aprenden. Se aprenden procesos creativos y de joyería tradicional y contemporánea. Se trabaja con materiales metálicos y no metálicos, y se  busca crear y emplear técnicas experimentales, muy propias de cada uno. También, “se aprenden a trabajar desde lo placentero y no desde la exigencia; a equivocarse sin castigarse, a frustrarse sin abandonar. El que no se equivoca es porque no hace”. Además del trabajo de taller, la joyera dice que se aprende a observar una joya más allá del gusto personal; hasta se aprende a comprar herramientas, tratar con proveedores y personas que brindan servicios de fundición, fotografía, etc. Es decir, a trabajar en colaboración con otros

Meta. Su objetivo más importante es que los estudiantes se puedan conectar con lo que les pasa desde la materialidad, desde el hacer con las manos. La intención es que cada uno transite un camino muy personal, no hay una única meta, pero apunta a que todo aquello que se haga se adecue a lo que quiere comunicar y expresar en la búsqueda de un lenguaje y estética propia.

Perfil. Vienen personas curiosas, con ganas de aprender algo nuevo, relajarse, pasarla bien y compartir. A veces vienen cansados después de un largo día y con una sonrisa de oreja a oreja me dicen que esperan ese momento para compartir con sus compañeros. En la virtualidad, eso ya no se puede, pero se siente el cariño, respeto hacia lo que hace o dice el otro, por más diferentes que sean; incluso admiración. En estos momentos es muy importante el compañerismo que se refleja en las clases o chats, con palabras de aliento y agradecimiento.

Actividades. Al terminar de cada año lectivo se organiza un encuentro entre todos los grupos, en el que se comparte lo que hacen los alumnos, se charla sobre las piezas, pero más que nada sobre los procesos y aprendizajes. “En el 2020 el encuentro fue virtual, y también se sumaron alumnos desde distintas partes de Latinoamérica hasta de España. Año a año, a todos les agradezco y repito que la que más aprende soy yo”.