La máscara, barbijo o tapaboca es hoy un accesorio que se volvió indispensable en esta pandemia y fue objeto de investigación y reinterpretación de cerca de 200 artistas joyeros, artistas visuales y diseñadores, convocados por la galería de Alice Floriano, de Porto Alegre.

Giselle Lekerman fue una de las 71 elegidas para participar de la muestra virtual Mask. Y cuenta: “La cuarentena me llevó a sumergirme en mi mundo, en mi taller, en mis ideas; es un momento que aprovecho para generar y volar más allá de estas paredes. No lo siento como un encierro, por el contrario. Siento que la comunicación para la humanidad es fundamental en momentos en que se cierran las fronteras, las puertas y los abrazos. Y como necesidad de comunicar, abrirme al mundo, estar para el otro y para expresar esto que siento surgieron estas máscaras”.

Trabajó en cobre, su metal favorito, “por la emoción que me genera su tono rojizo”, y experimentó con tripa de chancho con la que generó transparencia, y también hizo una versión en plata. De su máscara dice que “nació como collar, cuando me la vi puesta frente al espejo me di cuenta que quedó linda colgada, tal como quería; aunque en principio la asocié más a un anteojo».

Máscara en cobre y tripa de chancho

Collar en cobre rojizo

Versión en red de plata

Pieza funcional como colgante