Apuntes | Notas

Aprendí que el proceso es más importante que el resultado


Entrevista a Elisa Zorraquin

Por Delia Alicia Piña

 

En sus primeros pasos por la joyería contemporánea, una obra de Elisa Zorraquin inspirada en elementos de su casa, en el pueblo surfero de Torquay, en el sur de Australia, país donde reside hace más de tres años, fue seleccionada dentro de las 100 elegidas para Talente 2021, el evento que pone en valor el talento innovador de jóvenes creativos de todo el mundo.

Dice que busca “el momento en el que solo percibís para poder expresar después”, al que llama con el nombre de su maestra, la joyera neozelandesa Kirsten Haydon, a quien le reconoce la enseñanza de un método, la importancia del proceso que hoy incorporó como propio y que completó el iniciado con Francisca Kweitel en Proyecto 8.

De cómo las manijas de una cómoda terminan siendo joya. Una interesante intervención callejera en el paisaje local le abrió paso proyectar performance que incluyen su pasión por las fotos.

Su proceso de aprendizaje, su crecimiento y su decisión de integrar disciplinas como la fotografía o instalaciones performáticas para expresarse. Trabaja para participar en la Bienal de Melbourne y proyecta presentarse en la de Buenos Aires


_Estás instalada en Australia.

_Sí, hace tres años y medio me vine a Australia a estudiar una maestría en Bellas Artes con orientación en Joyería Contemporánea durante dos años en el Royal Melbourne Institute of Technology (RMIT) de la Universidad de Tecnología, Diseño y Negocios de Melbourne y luego me mudé al pueblo surfero de Torquay, donde instalé mi taller en el garaje de casa en el que estoy arrancando de vuelta, tras el nacimiento de mi hijo Rafael, hace siete meses. Australia es un lugar que no conocía. Me gusta mucho el deporte, aprendí a surfear, por ejemplo, y a disfrutar de la naturaleza con mi familia y aquí se nos daba iguales oportunidades a los dos, a mi marido Nacho y a mí. Pude integrarme muy bien a la comunidad, en particular, a la de joyería contemporánea local en la que me encanta participar; me recibieron muy bien.

Previamente había estudiado Diseño Industrial en la FADU y joyería contemporánea en la escuela de María Medici y un año en Taller Eloi, de Jimena Ríos. En 2017 participé del Premio Moda Arte y Diseño (MAD) del concurso que organizaba el Museo de Arte Decorativo, orientado a joyería, con el proyecto «Ideas vivas» -una composición en la que mezclé materiales antiguos o más clásicos, como el bronce y una tela bordada, con otros que podrían ser considerados más modernos, como el acrílico y las mostacillas, trabajados con la fundición a la cera perdida, bordado y corte a láser en una serie de piezas coloridas, que incluyeron un tocado, broche y aros-, tutorada por la diseñadora Leticia Churba.

 

_¿Cómo llegaste a Talente?

_Me sorprendió gratamente quedar seleccionada como una de las cien para Talente 2021. Había aplicado en 2019 con otra obra, repetí mi osadía en 2020 y resulté elegida para la edición de este año que se da de manera virtual. Participé por impulso de mi profesora de la maestría, la supervisora de taller de joyería contemporánea del RMIT, la joyera neozelandesa Kirsten Haydon, destacada por su investigación de doctorado en Paisajes antárticos en la joyería y conocida por su trabajo en esmaltes vítreos tradicionales combinados con nuevas tecnologías y materiales industriales. Me introdujo al mundo del hacer joyería contemporánea al guiarme en el posgrado y enseñarme un método que me abrió la cabeza. Mi antecedente en joyería contemporánea fue mi propuesta para el MAD porque solo tenía una propuesta más comercial.

Para Talente apliqué con mi último trabajo del posgrado: «I can handle it». Me encantan mucho las fotos, me gusta empezar un proyecto haciendo fotografías, en particular, de mi día a día: de lo que hago en casa, de las caminatas por las calles del pueblo hoy o de mi barrio porteño entonces, de detalles como una flor en un balcón o una taza de café iluminada por el sol de la mañana, etc. Eso para mí es joya, es una joya de la vida, es muy especial. Me enseñó lo mucho que puedo hacer a partir de esas imágenes. Ya tenía mucho material de mi barrio de Belgrano y desde la primera entrevista para la maestría empecé a trabajar.

 

“Me sorprendió gratamente quedar seleccionada como una de las cien para Talente 2021… Mi profesora, la joyera neozelandesa Kirsten Haydon me introdujo al mundo del hacer joyería contemporánea al guiarme en el posgrado y enseñarme un método que me abrió la cabeza.”

 

_¿Cómo es ese método?

_A partir de una serie de fotos, elijo cinco imágenes –y hablo en presente porque ya es mi metodología de trabajo, que más o menos replico en cada proyecto- y empiezo a hacer 10 dibujos de cada foto, luego realizo 10 modelos de cartón de cada una, 10 en porcelana, otros 10 más con objetos encontrados y después de todo este proceso, selecciono algunos elementos para empezar a trabajar con el metal. Un proceso enriquecedor que bien pudo derivar en otro material pero mi favorito es el metal. Y el último trabajo del máster es el que presente en Talente. Fueron mis primeros pasos fuertes en joyería contemporánea, por lo cual el haber sido elegida fue importantísimo e inesperado, muy sorprendida, muy contenta. Con todo aprendí el valor del proceso porque solía tener una idea fija de lo que quería hacer y me cerraba a eso, pero tras el posgrado aprendí que el proceso es más importante que el resultado, y desde este punto de vista empezaron a salir cosas nuevas, mucho mejores de lo que hacía o esperaba.

“Aprendí el valor del proceso… aprendí que el proceso es más importante que el resultado”.

_¿El proceso pasó a ser más importante que el resultado?

_Sí, sin duda. El proceso de la joyería contemporánea, su día a día es como la vida misma. Pensar y detenerse a ver cómo arranca el día, con esas pequeñas cosas que en suma definen tu día y en consecuencia tu vida conforman un proceso que se repite en la joyería. Porque al final del día, el objeto o pieza de joyería que hice está buena, pero lo mejor es todo lo que viví e hice para realizarla; es el camino del hacer lo que vale no tanto lo que hacés en sí, sin desvalorizar esto último, claro. Y esto es lo que hoy es importante para mí. Por eso es lo que ahora me interesa mostrar más que la joyería u objetos en sí. Si ese proceso se pudiese ver o exhibir de alguna manera sería buenísimo, define mucho: cómo es el pensamiento, la idea, la inspiración, es como su secreto más interesante, no tanto por el método en sí sino ver cómo trabaja la cabeza; este es un ejercicio que en la práctica te abre la cabeza. El valor de ese proceso, el disfrute de cómo se van descubriendo cosas de a poco, el aprender a tener paciencia, que no tengo mucha, termina siendo un aprendizaje de vida. Ahora conociendo el valor del proceso, me encanta el detrás de escena de la joyería.

Este camino lo arranqué con Francisca Kweitel en Proyecto 8. En ese momento, fue un encontronazo, un encuentro con aprender a pensar de otro modo, a reflexionar para crear; un encontronazo porque me encontré con algo inesperado. Venía muy influenciada por el diseño industrial, en el que es todo medido, que funciona de una manera, con un propósito y en Proyecto 8 aprendí que no tiene por qué funcionar de esa manera o hasta no tiene por qué funcionar. Es que era nueva en eso de ir de a poco y mirar con perspectiva, mirar un poco para atrás, hacer la previa o el aguante a la joya fue divertido pero me costó en un principio. Acostumbrada a que todo es ya, ya, ya, entonces estaba en modo inmediato, rápido y fue todo un aprendizaje tomarme el tiempo para pensar, visualizar, probar y ensayar, disfrutar del proceso de crear. Cuando empecé, yo quería hacer joyería de las casas que había en mi barrio con las macetas que colgaban con flores o hasta de las plantitas que salían de las baldosas. Pero ¿cómo hacés para transformarlo en joyería? Ese fue mi desafío, hoy me doy cuenta que lo funcional es llegar a convertir la poesía que se ve en lo cotidiano, en las pequeñas cosas en un objeto y la función es invitar a otros a reflexionar.

 

“Al final del día, el objeto o pieza de joyería que hice está buena, pero lo mejor es todo lo que viví e hice para realizarla”.

 

_¿A qué invitás a reflexionar?

_A valorar las cosas simples, los objetos, las pequeñas acciones, las rutinas diarias: el momento del café de la mañana en el que te perdés con la mirada y disfrutás de la luz que entra por la ventana o que salió una nueva flor en la maceta del balcón, la caída de hojas o el ruido de las hojas pateadas al caminar; insisto eso es poesía, eso son una joya potencial. Lo llamo el momento Kirsten, el momento de silencio, ese en el que solo percibís para poder expresar después. Son instantes que completan en los que nos podemos alimentar para estar bien, mirar, agradecer, para nutrirse para dar. Está bueno empezar a detenernos en estas cosas. En una clínica de la maestría, me dijeron que era demasiado optimista, pero una profesora me señaló que hacía mucha falta de eso en el mundo de hoy: falta más sencillez y eso es lo que quiero aportar con mi joyería contemporánea.

 

“El momento de silencio es ese en el que solo percibís para poder expresar después… falta más sencillez y eso es lo que quiero aportar con mi joyería contemporánea”.

 

_¿De qué manera podés materializar eso a través de la joyería contemporánea?

_Por ejemplo, hice objetos no tan portables, muy al límite de la joyería contemporánea. Los diseñé para poner en la calle, en mi casa, como señaladores que indican “acá hay valor”. Para que alguien que camina por la calle se encuentra con este objeto y se detenga a ver ese lugar cotidiano, rutinario y le de otro valor. Así lo ve el que ve, el que está en modo presente. Es como una invitación a parar y disfrutar.

Hice como una instalación, en la que sumaba esos objetos en elementos de la calle relacionado con las líneas de la calle o la arquitectura de una casa, o que tenía que ver con flores que salen entre los barrotes de una reja o en un poste abandonado o en la baranda de ingreso a un edificio y también en mi casa donde en diferentes lugares están estos objetos o estoy yo que me pongo piezas de joyería alusivas o no, y todo este trabajo lo filmé y me autofilmé haciendo cosas a diario: como regar un planta, abrir una ventana, tomar un té y otras cosas que son parte de la vida, como limpiar el baño, por ejemplo. Así, con estas pequeñas cosas cotidianas siento que muestro más, que transmito mucho. Con esta propuesta apliqué para la Bienal de Joyería de Melbourne.

Y este proceso me llevó a crear joyería como si fuera una escenografía. Sería joyería para usar pero también para explorar. Y en esto se suman los objetos y las filmaciones.

La joyería-escenografía puede ser portable o solo para explorar de pasar de un formato a otro. La joyería cumple la función de un momento especial más, ese que se da cuando te la ponés y te gusta. Es que cuando me pongo joyería entro en un momento especial, el día se convierte en especial.

“Hice objetos no tan portables, muy al límite de la joyería contemporánea. Los diseñé para poner en la calle, en mi casa, como señaladores que indican “acá hay valor.”

_¿Qué tipo de joyería te gusta usar?

_Me gustan más los aros, los uso desde los 6 años, cuando empezó a intervenir la joyería en mi vida. Entonces, aunque parezca presumida, a temprana edad empecé a hacer aros y hasta conseguía que venderlos en un local cerca de casa en Belgrano; recuerdo con cariño la generosidad de esos vecinos que aceptaban exponer y ofrecer mis aritos. Pero hoy también me encantan los broches y los collares. Uso piezas mías pero querría tener el suficiente poder adquisitivo como para tener obras de artistas que me fascinan.

 

_¿De quiénes?

_Me gustaría tener obras de la australiana Julie Blyfield que hace la joyería más bella que he visto en repusé y cincelado, técnicas tradicionales de  orfebrería que también aplica a objetos que resultan preciosos; de la norteamericana Melanie Bilenker que se inspira en el cotidiano de Filadeldia, hace fotos, dibujos y piezas con su propio pelo en una reversión de ese elemento victoriano buenísima; de la tasmana Marian Hosking que tiene joyas en plata en bajorrelieve que resaltan especímenes botánicos y aves de su isla, son encantadoras; de la alemana Bettina Speckner, que usa retratos de ferrotipo del siglo XIX como materia prima y los ensambla en la construcción de broches; de Lucy Sarneel, a quien acabamos de perder pero queda su uso distintivo del zinc y la interesante integración de objetos en sus joyas. Y de Rita Hampton, cuyas piezas de cincelado en plata son increíbles; tiene una serie de miniaturas y muchas referidas también a la naturaleza y al reino animal muy interesantes.

 

“Me gustan mucho las obras de Julie Blyfield, Melanie Bilenker, Marian Hosking, Bettina Speckner, Lucy Scarneel y Rita Hampton”

 

_¿Qué presentaste en Talente 2021?

La obra se llama «I can handle it» o «Puedo manejarlo». Surgió de un trabajo de la maestría con Kirsten, que me propuso hacer una pieza de joyería u objeto por día de lo que sea en diferentes materiales, diferentes construcciones, con diferentes técnicas, en diferentes períodos de tiempos. Y esta es una serie de cinco “manijas” inspiradas elementos de mi casa. En ese proceso, hice por ejemplo una vasijita que salía de una casa antigua en la que adentro tenía una flor en resina, la cual tenía relación con la leche que le pongo al té en las mañanas y al echarlo se ven como distintos dibujos; luego hice algo en papel de aluminio, papel de manteca y una lata de atún; hice un tejido; unas manijas; un anillo a partir de una caja de cartón para reciclar. Con todos estos elementos que surgieron de mi casa armé una instalación doméstica. Investigué sobre los objetos cotidianos y me puse a ver o a seleccionarlos teniendo en cuenta sus funciones como los botones de la ropa, la manija para abrir la puerta o el cajón de un mueble; y descubrí que son cosas que pasamos por alto, que están presentes como de manera silenciosa, que nos ayudan a diario y nos abren puertas, posibilidades. Advertí cómo a partir de esos objetos surgen cosas, obras impensadas, como estas manijas que me llevaron a participar de un concurso internacional que tuvo en cuenta mi proceso de trabajo y la obra resultante. En la presentación, hice una performance en la que las dispuse en una mesa y las movía de acuerdo con lo que me permitían: una manija que me permitía pensar; otra, contemplar, una que me favorecía para mirar de una manera diferente, y más; todo con la idea de lo que permite abrir o abrirse a diferentes posibilidades. Es que los objetos cotidianos son servidores que esperan ser activados para ayudar. Una cómoda tiene tiradores que abren espacios para guardar memoria, secretos, que potencian la imaginación. Y algo que conocemos tanto como una manija o quizás tan poco, por eso lo llame «I can handle it» y se refiere a objetos que te permiten de alguna manera atravesar la vida cotidiana, son esos que despiertan o potencian la imaginación.

 

“La obra que presenté en Talente se llama «I can handle it» y se refiere a objetos que te permiten de alguna manera atravesar la vida cotidiana, son esos que despiertan o potencian la imaginación.”

 

_¿En qué materiales y técnicas?

_Son muy básicos. Trabajo el metal, algo de cera, me gustaría profundizar en cincelado.  Trabajo mucho en diseño 3D, que me permite sintetizar luego de realizar modelos y dibujos a mano. Uso mucho cobre y bronce, me gustaría usar más plata. Calo dibujos a mano con sierra. Lo más interesante es el paso de 2D a 3D; voy calando y el material se va levantando, como las plantas que crecen entre las baldosas va asomando el metal con el corte y calado. En la serie I can handle it sumé la aplicación de polvo de colores, una pintura industrial que usé porque genera un impacto visual agradable, invita a jugar, a probar; usé colores para llamar la atención y tentar a usar la pieza, a tocarla, a probarla en la mano.

 

“Lo más interesante es el paso de 2D a 3D; con el corte y calado, el metal se va levantando, se va asomando.”

 

_¿Cómo son?

_Son anillos sin la forma tradicional sino para ser llevados en la mano de manera diferente. En la presentación de la performance hasta me lo enganché en la remera como un broche. No está pensado para ser agarrado o llevado de manera habitual sino que atravesás tu mano en ellos. Bueno, son para que se usen como se quiera.

“Los objetos cotidianos son servidores que esperan ser activados para ayudar. Una cómoda tiene tiradores que abren espacios para guardar memoria, secretos, que potencian la imaginación”

_¿Tu obra forma parte de una muestra virtual internacional?

_Sí, Talente 2021 se exhibe en una muestra virtual en la plataforma de Klimt02.net, en la que se puede tener la oportunidad de entrar en contacto con los interesados, y espero que ese intercambio se dé; por ahora me contactaron por otro de mis trabajos.

 

_¿Tenés previsto exhibirlo en Melbourne?

_En septiembre próximo es la bienal de joyería contemporánea de Melbourne en la que tengo previsto participar con mi trabajo audiovisual y analizo la posibilidad de repetir la instalación doméstica de joyería en objetos de la vida diaria con el fin de  complementar la propuesta. Y también quiero presentarme con otra obra en la próxima bienal latinoamericana que se ofrecerá en Buenos Aires.

 

_¿Proyectos?

_Proyecto aprender o tomar clínicas con artistas para sumar nuevas técnicas que me permitan hacer piezas más esculturales. Aunque me gusta mucho el corte de metal y creo que de alguna manera siempre va a estar presente, será un desafío no atarme a una idea. Como aprendí, quiero salir de la zona de confort. Siento que encontré un lenguaje visual pero quiero animarme a explorar otras alternativas.

Y tengo en mente un proyecto al que llamo Siesta, solo porque es el momento en que mi bebe Rafael duerme para dedicarme de lleno en el taller, que estoy terminando de instalar, con soldadora nueva, entre otras herramientas. Por ahora lo siento en su sillita, le doy algo de pan, se entretiene y de alguna manera hacemos joyería juntos y siento que será así de ahora en más. La maternidad es un buen tema para explorar desde la joyería contemporánea.