Apuntes | Notas

Ábaco es un talismán, un instrumento para contar


La artista cordobesa Cecilia Richard presenta su última obra fetiche, que establece una relación inusitada con el cuerpo. Una pieza duracional, en desarrollo, que promete porque la incógnita que supone su fin la lleva a expresar su poder creativo en un proceso cotidiano inigualable. Qué es Ábaco, qué significa, qué representa y cómo es hacer joya con un material orgánico impensado.


Ábaco es un como un talismán, es una pieza para el cuerpo. Es un instrumento para contar. Su autora, la artista cordobesa Cecilia Richard cuenta que surge en un tiempo de excepción, que se trata de una obra duracional, que se trabaja en progreso, que está en proceso y, como lo demuestra a diario, es ilimitado, tanto como su imaginación o creatividad. Dice que crece día a día por adición.

Se trata de una obra de arte, de una expresión performática, de un megacollar -a la vista de quien se empeñe en clasificar o rotular- hecho de naranjas consumidas durante este tiempo pandémico. “Todas las mañanas, corto una naranja por la mitad, la exprimo, bebo su jugo. Quito con la mano el hollejo restante, doy vuelta su piel y expongo su interior. Relaciono ambas cáscaras por su concavidad y mediante una costura surfilada, uno una mitad a otra, por sus bordes. Siempre la última debe estar húmeda para  conservar la blandura y permitir la costura de la nueva. Necesita del sol para secarse paulatinamente, sino corre el riesgo de descomponerse por exceso de humedad. Cuando se seca es firme y flexible por  sus uniones, este es el modo en que se articula”.

Y esto lo repite a diario. Una naranja por día, como un ritual, desde el inicio de un tiempo, de este que aún no se conoce su fin… Por eso sostiene que Ábaco cuantifica, materializa el transcurrir de un tiempo

Señala que Ábaco habla de alimento, más aún, de nutrición amorosa. “Es talismán que refiere a la autodeterminación para “ayudar” a la suerte y  la magia hacia un conjuro de protección. ¿De qué me alimento? ¿Qué alimento? No hay duda de que debe ser o se necesita que sea un alimento que nutra física y psíquicamente.

Los detalles de la obra impactan al igual que su origen y constante desarrollo. Se conforma como un cuerpo flexible que va creciendo en longitud con el correr de los días. A partir del cambio paulatino de dimensión y escala, su relación inicial pasa de objeto portado, a objeto que recorre el cuerpo y luego trasvasándolo, posibilita establecer relaciones con mas sujetos, tanto así, como con su entorno y paisaje como contexto. “Esta condición entre otras cosas, me provoca al juego, juego al que invito a participar, en distintos estadios, a seres que son parte de mi red amorosa, tejido humano que reconozco en mi vida como soporte y contexto que me humaniza. Ábaco da un sentido y se resignifica en cada nueva situación que propongo y recreo. Por eso, es un instrumento para contar”.

Su relación con el cuerpo no es menos sorprendente. Cecilia señala que si hablamos de joyería, tradicionalmente el cuerpo es considerado el soporte por excelencia del objeto-joya. «Operando en este campo, me interesa la/s relación/es que se pueden establecer entre objeto /cuerpo. Al trabajar sobre este eje, crece la escala y dimensión del objeto, permitiendo accionarlo y preguntarse acerca del término cuerpo en clave ampliada: cuerpo individuo, cuerpo grupal, cuerpo social, tierra-cuerpo-hábitat, cuerpo de ideas…. Lo que invita a imaginar o pensar en un concepto ampliado también de una joyería expandida o, a la manera del concepto sobre escultura de la crítica de arte, profesora y teórica estadounidense Rosalind Krauss en su «Ensayo: La escultura en el campo expandido. La originalidad de las vanguardias y otros mitos» (1985): una joyería “en el campo expandido”.

En consecuencia, Ábaco, como objeto-joya talismán, pasa a ser un señalamiento sobre el territorio/ cuerpo, posando la mirada, generando pregunta, reflexión. Y se convierte en una obra abierta.

La artista reflexiona sobre si somos seres solos, aislados o somos parte de un tejido corporal mayor. Una cuestión que la interpela e invita a preguntarse ¿Qué es lo urgente en este momento?

Su bitácora sobre este “objeto artesanal, joya, talismán, juego, alimento, acción, señalamiento, performance, fotografía, redes” da cuenta que arrancó el 20 de marzo de 2020 y lleva ya más de un año, y en el primer aniversario de la pandemia en nuestro país consignó: 365 naranjas (bebidas una cada día), 730 mitades de cáscara/piel cosidas, 7,85 metros de longitud, 27.240 puntadas y 169.360 cm de hilo. Y esto no es todo, continúa…

Como obra duracional, Ábaco tiene como premisa de trabajo desarrollarse durante el tiempo que dure la cuarentena y el distanciamiento social, y esto aún no concluye ni se avizora su fin, no tengo pensado ni previsto su conclusión o futuro y esto abarca a su exhibición en lo que a espacio físico se refiere. Todo es incierto. Ni dónde, ni cuando, ni cómo. De todos modos, considero como parte comunicación su publicación ocasional en redes sociales y en tiempo real. Hoy éste se conforma como medio natural de presentación abierta al público y se muestra describiendo una narrativa y configurando un cuerpo de ideas dinámico en clave poética”, explica Cecilia Richard.

Es que para la artista toda materialidad es susceptible de significar. “Como diría un amigo, me entusiasma buscar las ideas detrás de las cosas. ¿Y dónde están las ideas? ¿En la materialidad? ¿En uno? ¿En el diálogo entre ambos? ¿Son los procedimientos que accionamos el vehículo de las mismas?…”